En este viaje conté únicamente con la compañía de mi pareja, así que una vez cuadramos fechas nos lanzamos como locos a la búsqueda de alojamiento. Personalmente, siempre he preferido alojarme en apartamento cuando voy a la playa, siento que tienes más "libertad" y además me parece mucho más divertido y familiar. A través de la archiconocida plataforma Booking, reservamos un apartamento muy mono a 250m del mar (link del Apartment Casamora). Era algo más grande de lo que necesitábamos, pero nos salía muy bien de precio para cinco días.
Nuestro viaje comienza el 18 de junio. Con la nevera portátil y el depósito llenos, nos embarcamos en un largo viaje por carretera. Tras unas cuatro horas en el coche, por fin llegamos a nuestro destino, Moraira. Lo que no sabíamos era la odisea que allí nos esperaba. Habíamos acordado con el dueño del apartamento llamarle alrededor de 20 minutos antes de llegar, cosa que hicimos sin obtener respuesta alguna. Al llegar decidimos volver a intentarlo. Buzón orange. Como habíamos llegado algo antes de la supuesta hora de entrada, decidimos sentarnos en la terraza de al lado del portal a tomar un refresco y esperar al dueño. Volvimos a llamar, buzón orange. Mi frustración aumentaba por minutos, el tiempo iba pasando y nosotros seguíamos en la calle sin señales de aquel hombre, así que probamos a llamar a atención al cliente de Booking. Como no me quiero extender más de la cuenta, simplemente diré que estuve desde la 1 hasta las 4 de la tarde pegada al teléfono sin que me ofrecieran ningún tipo de solución o ayuda. Repleta de rabia tuve que enfrentarme a operadoras sudamericanas que nada más hacían que repetir la típica retahíla de manual, o que directamente me colgaban. Por suerte, una de las infinitas veces que volví a llamar me atendió un chico español súper eficiente que enseguida nos reubicó en otro apartamento incluso un poquito más cercano al mar (link del Apartment Kristal Mar). Éste era bastante más antiguo que el anterior, pero nos resultó muy cómodo por la cercanía a la playa y la terraza que tenía.
No todo podía salir mal aquel día, así que en medio de aquel desastre sacamos un hueco para comer en el que se ha convertido en nuestro restaurante favorito, el Restaurant Antoniet (más información aquí). La fideuá es uno de mis platos preferidos, y creo que la de este sitio es de las mejores que he probado en mi vida. Si tenéis oportunidad de comer allí no lo dudéis, no es un restaurante excesivamente barato pero merece mucho la pena.
| Fideuá en el Restaurant Antoniet |
Moraira está compuesto por bastantes playas de pequeñas dimensiones, así como por un par de calas. Dada la cercanía de nuestro apartamento, nosotros solíamos ir a la playa de L'Ampolla, a los pies del castillo, quizás la más transitada de todas por su proximidad al núcleo urbano. Además aquí podemos encontrar el Marjal del Senillar, humedal declarado Reserva de Fauna Silvestre.
| Playa de L'Ampolla |
Otras playas que visitamos fueron Les Platgetes, El Portet y la cala Portitxol. Destacaré estas dos últimas por su belleza, que nada tiene que envidiar a las playas de las islas Baleares. En primer lugar, El Portet es la playa más emblemática y turística de Moraira. Se trata de una playa de aguas cristalinas, algo más extensa que L'Ampolla, aunque tiene muy poquito trozo de arena, por lo que no cabe mucha gente. En la carretera que conduce a esta playa, tras bajar un tramo de escaleras, encontramos la cala Portitxol rodeada de vegetación. Suele estar frecuentada únicamente por algún que otro pescador o por jóvenes saltando desde las rocas, por lo que es un sitio muy tranquilo en el que desconectar o simplemente sacar fotos bonitas.
| El Portet |
| Cala Portitxol |
Por último, antes de despedirme, me gustaría haceros algunas recomendaciones de sitios en los que estuvimos y nos gustaron mucho. En el plano gastronómico, no podéis marcharos de Moraira sin:
- Pasar por el bar de tapas Xambel y probar sus gambas (más información aquí).
- Otro restaurante que merece la pena para ir a comerse una paella (o lo que sea) en condiciones es el Racó de l'Arròs (más información aquí). El local es algo pequeño, por lo que conviene reservar.
- Para ir a tomar un helado o granizado, os recomiendo la heladería tutto frutto (más información aquí)
Finalmente, el día 22 de junio nos despedimos tristemente de Moraira con una idea muy clara, volveremos algún día. ¿Será este verano? Quién sabe...





