domingo, 17 de enero de 2016

Vacaciones de verano en pareja: Moraira

Si hay algo que me encanta hacer en verano es ir a la playa. Acostumbrada toda la vida al triste secano, la llegada de las vacaciones de verano y por consiguiente, el hecho de pasar unos días cerca del mar ha sido siempre algo muy importante para mí. Desde muy pequeñita me ha gustado descubrir y probar sitios nuevos, afición que todavía perdura hoy en día. Así pues, en una de tantas búsquedas de próximas playas por catar, me encontré con este pequeño pueblo situado en la provincia de Alicante.

En este viaje conté únicamente con la compañía de mi pareja, así que una vez cuadramos fechas nos lanzamos como locos a la búsqueda de alojamiento. Personalmente, siempre he preferido alojarme en apartamento cuando voy a la playa, siento que tienes más "libertad" y además me parece mucho más divertido y familiar. A través de la archiconocida plataforma Booking, reservamos un apartamento muy mono a 250m del mar (link del Apartment Casamora). Era algo más grande de lo que necesitábamos, pero nos salía muy bien de precio para cinco días.

Nuestro viaje comienza el 18 de junio. Con la nevera portátil y el depósito llenos, nos embarcamos en un largo viaje por carretera. Tras unas cuatro horas en el coche, por fin llegamos a nuestro destino, Moraira. Lo que no sabíamos era la odisea que allí nos esperaba. Habíamos acordado con el dueño del apartamento llamarle alrededor de 20 minutos antes de llegar, cosa que hicimos sin obtener respuesta alguna. Al llegar decidimos volver a intentarlo. Buzón orange. Como habíamos llegado algo antes de la supuesta hora de entrada, decidimos sentarnos en la terraza de al lado del portal a tomar un refresco y esperar al dueño. Volvimos a llamar, buzón orange. Mi frustración aumentaba por minutos, el tiempo iba pasando y nosotros seguíamos en la calle sin señales de aquel hombre, así que probamos a llamar a atención al cliente de Booking. Como no me quiero extender más de la cuenta, simplemente diré que estuve desde la 1 hasta las 4 de la tarde pegada al teléfono sin que me ofrecieran ningún tipo de solución o ayuda. Repleta de rabia tuve que enfrentarme a operadoras sudamericanas que nada más hacían que repetir la típica retahíla de manual, o que directamente me colgaban. Por suerte, una de las infinitas veces que volví a llamar me atendió un chico español súper eficiente que enseguida nos reubicó en otro apartamento incluso un poquito más cercano al mar (link del Apartment Kristal Mar). Éste era bastante más antiguo que el anterior, pero nos resultó muy cómodo por la cercanía a la playa y la terraza que tenía.

No todo podía salir mal aquel día,  así que en medio de aquel desastre sacamos un hueco para comer en el que se ha convertido en nuestro restaurante favorito, el Restaurant Antoniet (más información aquí). La fideuá es uno de mis platos preferidos, y creo que la de este sitio es de las mejores que he probado en mi vida. Si tenéis oportunidad de comer allí no lo dudéis, no es un restaurante excesivamente barato pero merece mucho la pena.


Fideuá en el Restaurant Antoniet
Finalmente todo el problema del apartamento fue causa de una avería en el móvil del dueño. En cuanto vio todas nuestras llamadas nos contactó pidiendo disculpas y nos ofreció pasar una noche más de forma gratuita, pero ya estábamos reubicados. Una vez instalados en el nuevo apartamento, fuimos a comprar y dimos un paseo para explorar la zona antes de bajarnos a la playa. Como el propósito de este viaje no era otro que descansar y relajarnos, pasamos los días recorriendo las distintas playas de este encantador municipio.

Moraira está compuesto por bastantes playas de pequeñas dimensiones, así como por un par de calas. Dada la cercanía de nuestro apartamento, nosotros solíamos ir a la playa de L'Ampolla, a los pies del castillo, quizás la más transitada de todas por su proximidad al núcleo urbano. Además aquí podemos encontrar el Marjal del Senillar, humedal declarado Reserva de Fauna Silvestre.


Playa de L'Ampolla

Otras playas que visitamos fueron Les Platgetes, El Portet y la cala Portitxol. Destacaré estas dos últimas por su belleza, que nada tiene que envidiar a las playas de las islas Baleares. En primer lugar, El Portet es la playa más emblemática y turística de Moraira. Se trata de una playa de aguas cristalinas, algo más extensa que L'Ampolla, aunque tiene muy poquito trozo de arena, por lo que no cabe mucha gente. En la carretera que conduce a esta playa, tras bajar un tramo de escaleras, encontramos la cala Portitxol rodeada de vegetación. Suele estar frecuentada únicamente por algún que otro pescador o por jóvenes saltando desde las rocas, por lo que es un sitio muy tranquilo en el que desconectar o simplemente sacar fotos bonitas.


El Portet

Cala Portitxol

Por último, antes de despedirme, me gustaría haceros algunas recomendaciones de sitios en los que estuvimos y nos gustaron mucho. En el plano gastronómico, no podéis marcharos de Moraira sin:
  •  Pasar por el bar de tapas Xambel y probar sus gambas (más información aquí). 
  • Otro restaurante que merece la pena para ir a comerse una paella (o lo que sea) en condiciones es el Racó de l'Arròs (más información aquí). El local es algo pequeño, por lo que conviene reservar. 
  • Para ir a tomar un helado o granizado, os recomiendo la heladería tutto frutto (más información aquí)

Por último, quería recomendaros una tienda de accesorios y decoración de estilo hippie que me encantó, y de la que no pude salir con las manos vacías. Tienen cosas muy originales, perfectas para llevar como recuerdo. La tienda en cuestión se llama Jakarta, y podéis encontrar más información sobre ella haciendo click aquí

Finalmente, el día 22 de junio nos despedimos tristemente de Moraira con una idea muy clara, volveremos algún día. ¿Será este verano? Quién sabe...






miércoles, 13 de enero de 2016

Barcelona low cost (ideal para grupos)

Si hay algo que nos gusta a los aficionados a viajar son las escapadas, así que hoy os propongo una opción fantástica para viajar en grupos pequeños. En este caso, conté con la compañía de mis amigos, por lo que nuestro viaje fue planificado para 10 personas.

Una vez elegido el destino, el primer paso fue buscar alojamiento. Buscábamos una opción económica a la vez que bien situada, así que nos decantamos por los apartamentos BcnStop Parc Güell (más información aquí). La estancia fue inmejorable y el trato del personal excelente. Todo estaba muy limpio y cuidado, además de que todos los días había servicio de limpieza, cosa que me sorprendió gratamente. El apartamento era muy amplio, lo cual se agradece teniendo en cuenta que nos alojábamos 10 personas con sus correspondientes maletas. Eso sí, como en todos los alojamientos catalanes, hay que pagar la tasa turística. Prácticamente al mismo tiempo que reservábamos el apartamento, compramos también los billetes más económicos que encontramos para viajar en autobús Zaragoza-Barcelona y viceversa a través de la plataforma online de ALSA.

Nuestra aventura comienza el 29 de marzo a las 6:00. Con sólo un vaso de leche en el estómago y pocas horas de sueño pusimos rumbo a Barcelona. Como siempre ocurre cuando se viaja en grupo, podríamos decir que las horas de autobús del viaje de ida fueron tan divertidas como el propio viaje (aunque el resto de pasajeros del autobús no podrá decir lo mismo). Una vez llegamos fuimos directos a hacer el check-in en el apartamento y dejar las maletas. Como se acercaba la hora de comer,  la recepcionista nos recomendó un sitio en la calle paralela, el restaurante Inka Burger (más información aquí). Aunque pueda parecer un sitio de comida rápida, no lo es. La variedad de la carta era amplísima y comimos muy bien por un precio asequible. Además, una cosa curiosa de este sitio es que a la hora de pagar, cada comensal recibe una participación para jugar en una especie de "tragaperras" del restaurante. Ingresas tu papeleta en la máquina e inmediatamente te dice si has sido premiado o no. Nosotros obtuvimos una ración de patatas fritas gratis, razón por la que el último día decidimos volver a comer allí. 

Una vez hubimos comido, encontramos un supermercado en esa misma calle en el que aprovechamos para comprar alimentos para las cenas o comidas que hiciéramos en el apartamento. Terminada esta faena, nuestra visita turística empezó en Plaza España (de la cual podemos obtener una buena panorámica desde el tejado del centro comercial Las Arenas). De ahí nos movimos hacia el Museo Nacional de Arte de Cataluña y continuamos caminando hasta el Palau Sant Jordi y la torre de comunicaciones de Montjuïc. Esa misma tarde aprovechamos también para recorrer el Paseo de Gracia y ver la Casa Batlló y la Casa Milà ("la pedrera").


Barcelona a los pies del Tibidabo
La mañana siguiente la invertimos en subir al Tibidabo, donde podemos encontrar el famoso parque de atracciones de mismo nombre y el templo expiatorio del Sagrado Corazón, además de una buena vista de toda Barcelona. Para subir nosotros combinamos el Tranvía Azul con el funicular, cosa que no recomiendo en absoluto, ya que hay opciones más económicas como el Tibibús (más información aquí), pero como fue un plan totalmente improvisado,desconocíamos esa información. Al bajar, aprovechamos para comer por la zona un plato combinado en un bar llamado Granja Azul (más información aquí). Estéticamente no llama nada la atención, si sois un grupo grande como nosotros sólo podréis tener sitio en la terraza, aunque la comida fue sabrosa y económica. Más tarde fuimos hasta Plaza Cataluña y de ahí nos movimos a pie por Las Ramblas hasta el monumento a Colón, sin olvidarnos de entrar en el Mercado de La Boquería.

Esa misma tarde la dedicamos a visitar la Sagrada Familia (cuya entrada compramos previamente online con subida a la torre). Personalmente creo que no merece la pena pagar la subida, puesto que podemos obtener las mismas vistas o incluso mejores desde el tejado del centro comercial Las Arenas o desde el mismo Tibidabo.


Interior de la Sagrada Familia

Finalmente llegó el 31 de marzo, último día de nuestro viaje, que básicamente dedicamos a acercarnos hasta el Parc Güell (al que tristemente no pudimos entrar por la cola y nuestra falta de tiempo), a dar un paseo por la Barceloneta y a ver el arco del triunfo antes de emprender el viaje de vuelta a Zaragoza. 

martes, 12 de enero de 2016

Road trip por el País Vasco

No hay mejor forma de empezar las vacaciones de Semana Santa que viajando. Así pues, una vez preparado el equipaje, algo de comida y llenado el depósito, nos lanzamos a la aventura de un viaje por carretera hacia el País Vasco, donde habíamos reservado previamente una pequeña (pero acogedora) casa rural en Zarautz

Desde mi punto de vista, recomiendo totalmente aquella casa. Económica, limpia, rodeada de naturaleza, bien situada y con una atención y un servicio inmejorable. Por si interesa, permiten mascotas, otro punto a favor. Además, los dueños tuvieron el bonito detalle de regalarnos una botella de sidra de la tierra cuando nos instalamos. La casa rural en cuestión se llama Agerre Goikoa y podéis encontrar más información aquí.

Nuestra primera jornada en Zarautz la dedicamos a explorar la localidad a pie. Empezamos recorriendo el paseo marítimo, con parada obligatoria en el hotel-restaurante de Karlos Arguiñano. Continuamos hasta adentrarnos en el centro de la localidad, donde podemos disfrutar de una buena cerveza y una amplia variedad de pinchos a un precio razonable en los múltiples bares y tabernas que encontraremos por el camino. Tras haber llenado el buche, seguimos nuestra ruta hasta llegar a la Torre Luzea, para después volver a encaminarnos hacia el paseo marítimo, donde aprovechamos para cenar en una terraza llamada Beach, que ofrece un completo menú del día por 10€ con una atención exquisita. Desde allí pudimos disfrutar de una buena comida acompañada de un precioso atardecer en primera línea de playa.


Atardecer desde la terraza 


Nuestro segundo día en el País Vasco lo dedicamos a los pueblos próximos a Zarautz. Empezamos nuestra visita en Getaria, donde dejamos el coche por el centro y desde allí nos movimos a pie, desde la estatua de Juan Sebastián Elcano hasta el puerto, pasando por el monumento de mismo nombre, donde encontramos unas bonitas vistas de la localidad y de la iglesia de San Salvador. En el puerto podemos observar toda la labor pesquera, así como entrar en la conservera y comprar productos de la tierra.
Finalmente esta primera parada terminó con la visita al museo de Cristóbal Balenciaga, natural de Getaria, donde podemos ver una buena parte de su colección, así como la evolución de la moda desde sus comienzos como diseñador hasta hoy en día. Puedes visitar su página web haciendo click aquí para más información sobre horarios y tarifas.


Mujeres tejiendo redes en Getaria

Nuestra visita continúa en Zumaia, donde aprovechamos para comer en el bar Trapaia. Sin duda alguna, otra de las ventajas de esta tierra es su excelente gastronomía, caracterizada por raciones abundantes a un precio realmente asequible. Con el estómago lleno, nos dirigimos a la ruta del Flysch, llegando hasta la ermita de San Telmo, donde podemos apreciar una vista detallada de estos acantilados situados sobre la playa de Itzurun.


Vista del acantilado desde la ermita de San Telmo


 El último día antes de nuestro regreso fue el más intenso de todo el viaje. Durante la mañana hicimos una breve parada en Mutriku para visitar el puerto, para después poner rumbo a Lekeitio. Por carreteras secundarias llenas de curvas cerradas y rodeadas de vegetación, bordeamos la península sin dejar de ver el mar hasta llegar a este municipio, donde paseamos tranquilamente por su bonita playa mientras contemplábamos las vistas del islote y la basílica. Para comer, nuestros vecinos que veranean allí nos recomendaron la zona del paseo del puerto, donde podemos encontrar varios restaurantes. Finalmente nos decantamos por el restaurante Goitiko (más información aquí), en el que nos pusimos las botas con su completo menú del día por 9,5€. 


Vista del puerto de Mutriku



Por último, no podíamos marcharnos sin haber visitado Bilbao, así que nos desplazamos hasta allí a pasar nuestra última tarde en el País Vasco. No queríamos movernos demasiado con el coche, pues no conocíamos muy bien la ciudad y nos haría perder demasiado tiempo buscando aparcamiento, así que dejamos el coche en un párking enfrente de la clínica IMQ Zorrotzaurre, desde donde tenemos una buena vista del estadio San Mamés. De allí nos movimos a pie a la zona del Museo Guggenheim, para llegar posteriormente a la Plaza Euskadi, a los pies de la torre Iberdrola. Al acabar este paseo, decidimos tomar un refresco por la zona, concretamente en el centro comercial Zubiarte, antes de poner rumbo de vuelta a Zarautz.




Museo Guggenheim


Y éste fue nuestro itinerario de viaje por carretera. Muchas de las cosas que visitamos y los sitios en que comimos fueron recomendaciones de otras personas, razón por la que yo también me he decidido a compartir mi ruta. Si estáis planeando un viaje sorprendente y a la vez económico, estoy segura de que esta región conseguirá dejaros sin palabras, vayáis donde vayáis.