Una vez elegido el destino, el primer paso fue buscar alojamiento. Buscábamos una opción económica a la vez que bien situada, así que nos decantamos por los apartamentos BcnStop Parc Güell (más información aquí). La estancia fue inmejorable y el trato del personal excelente. Todo estaba muy limpio y cuidado, además de que todos los días había servicio de limpieza, cosa que me sorprendió gratamente. El apartamento era muy amplio, lo cual se agradece teniendo en cuenta que nos alojábamos 10 personas con sus correspondientes maletas. Eso sí, como en todos los alojamientos catalanes, hay que pagar la tasa turística. Prácticamente al mismo tiempo que reservábamos el apartamento, compramos también los billetes más económicos que encontramos para viajar en autobús Zaragoza-Barcelona y viceversa a través de la plataforma online de ALSA.
Nuestra aventura comienza el 29 de marzo a las 6:00. Con sólo un vaso de leche en el estómago y pocas horas de sueño pusimos rumbo a Barcelona. Como siempre ocurre cuando se viaja en grupo, podríamos decir que las horas de autobús del viaje de ida fueron tan divertidas como el propio viaje (aunque el resto de pasajeros del autobús no podrá decir lo mismo). Una vez llegamos fuimos directos a hacer el check-in en el apartamento y dejar las maletas. Como se acercaba la hora de comer, la recepcionista nos recomendó un sitio en la calle paralela, el restaurante Inka Burger (más información aquí). Aunque pueda parecer un sitio de comida rápida, no lo es. La variedad de la carta era amplísima y comimos muy bien por un precio asequible. Además, una cosa curiosa de este sitio es que a la hora de pagar, cada comensal recibe una participación para jugar en una especie de "tragaperras" del restaurante. Ingresas tu papeleta en la máquina e inmediatamente te dice si has sido premiado o no. Nosotros obtuvimos una ración de patatas fritas gratis, razón por la que el último día decidimos volver a comer allí.
Una vez hubimos comido, encontramos un supermercado en esa misma calle en el que aprovechamos para comprar alimentos para las cenas o comidas que hiciéramos en el apartamento. Terminada esta faena, nuestra visita turística empezó en Plaza España (de la cual podemos obtener una buena panorámica desde el tejado del centro comercial Las Arenas). De ahí nos movimos hacia el Museo Nacional de Arte de Cataluña y continuamos caminando hasta el Palau Sant Jordi y la torre de comunicaciones de Montjuïc. Esa misma tarde aprovechamos también para recorrer el Paseo de Gracia y ver la Casa Batlló y la Casa Milà ("la pedrera").
| Barcelona a los pies del Tibidabo |
Esa misma tarde la dedicamos a visitar la Sagrada Familia (cuya entrada compramos previamente online con subida a la torre). Personalmente creo que no merece la pena pagar la subida, puesto que podemos obtener las mismas vistas o incluso mejores desde el tejado del centro comercial Las Arenas o desde el mismo Tibidabo.
| Interior de la Sagrada Familia |
Finalmente llegó el 31 de marzo, último día de nuestro viaje, que básicamente dedicamos a acercarnos hasta el Parc Güell (al que tristemente no pudimos entrar por la cola y nuestra falta de tiempo), a dar un paseo por la Barceloneta y a ver el arco del triunfo antes de emprender el viaje de vuelta a Zaragoza.
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